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lunes, 28 de octubre de 2013

Rutina

"Retorcida, eso es lo que eres, me lo acabas de demostrar... Me da pena ver que ese vínculo que creía que teníamos no existe, me da pena que realmente no me conozcas... Eres muy poco agradecida... Una tirana, cada uno de tus actos lo demuestra... Estás muy suelta últimamente"

Valencia, 28 de Octubre 2013, 20:00 h

Mi hermana viene a casa a que le preste un móvil para Raúl, su marido. No me besa, pues hoy me han quitado una muela y aún me duele, me cuesta hablar. Todo trascurre con normalidad, se sienta en el sofá, en el que ya estábamos mi madre y yo y la observamos mientras habla. Mi madre interactúa con ella pero yo apenas puedo soltar algún comentario. Hasta que no sé cómo, sale el tema del viaje a Mallorca. Mis amigas no van al viaje, y por consiguiente, yo no quiero ir con el resto del curso sola. Una amiga me comenta que si organizamos el viaje para nosotras, habría alguna posibilidad de que se viniera, yo secundo la idea así que se la comento a mi hermana y a mi madre. Tras unas miradas entre mi madre y mi hermana, ahora sus ojos se posan sobre mí para decir alto y claro: "NO". Les ignoro, total, ya sabría que me iban a decir que no... Pero eso no hace que mi madre siga hablando:

-Tienes sólo 17 años, ¿a dónde pretendes ir con 17 años? Y menos vosotras solas, sin ningún adulto ni nadie que os acompañen.
+Mami, ¿qué parte de fiesta-monunmental-después-de-exámenes no entiendes?
-A mi con tu edad no me dejaban salir ni a la calle de enfrente pasadas las 12 de la noche. Y ahora tu sales hasta las dos y media de la madrugada, ¿acaso no tienes bastante?, ¿de qué te quejas?
+No me compares, sabes que lo odio. En primer lugar, sabes que soy responsable y puedes estar tranquila. Vuelvo a las dos y media por que no me dejas más...
-Hombre claro.
+... y siempre soy la primera en irme mientras los demás siguen pasándoselo bien. Ni me dejas salir en Halloween, ¡EN HALLOWEEN!, más allá de ese rango horario. Para mi cumpleaños me dejaste hasta las cuatro y media; y en fallas también me dejabas MUCHO más tiempo. Y ahora, cuando ya "he crecido" y siempre me has prometido que sería diferente, observo que es todo lo contrario.
En ese momento mi hermana interviene:
*Teta, pero ¿qué más te da irte ahora que irte dentro de unos años? ¡Ni siquiera eres mayor de edad!
+¡Porque mi cumpleaños es en septiembre! ¿yo qué culpa tengo?
-¡Eres muy joven! !¿qué no entiendes?!
+Entonces cúando haga el año ERASMUS... ¿qué pasará? ¡¿Os vendréis conmigo?!
-No pienses en el futuro, piensa en el ahora.

¿Enserio? ¿En el ahora? Si hombre, ahora ven de filósofa. Mis nervios están a flor de piel pero intento controlarlos, sé que ahora es más prudente callar y observar. Evito sus miradas e intento ver la tele. Se inicia una nueva conversación, pero esta vez no interactúo en ella, esta vez soy la causa del habla. Mi madre comienza a decirle a mi hermana todo lo que hago, y más concretamente, lo que quiero: "Y se gasta *** euros para ver a los Uan Direcsion pero luego llora por un iPhone, a ver si aprende a distribuirse el dinero, que se apañe, es su problema". En el momento que le escucho pronunciar esa frase, salto enseguida.

+Odio que siempre cojas a quien sea y que todo lo que hago le acabes dando la vuelta a la tortilla, para hacer que la otra persona se haga cómplice tuyo y así poneros en mi contra. Lo haces siempre y últimamente, constantemente. Sabes que no me gusta que lo hagas cuándo después, cuando estás conmigo sola, no lo juzgas de la misma forma.

Mi madre me mira con asombro y fiereza, le devuelvo la mirada, no la voy a apartar ahora.


-No María, no vayas por ahí, estás muy suelta últimamente y me molesta que luego vengas preguntándome por qué me he enfadado cuándo tú eres la causa, tú y tus formas. Es increíble lo poco agradecida que eres. Y eres una retorcida...
+¿Perdona?
-Sisi, una retorcida, eso es lo que eres y lo que me acabas de demostrar. Me acabas de demostrar que puedes llegar a pensar eso y sacar conclusiones falsas, y a maquinarte esa opinión rebuscada. ¿Enserio piensas que le cuento esto a tu hermana sólo para hacerla mi cómplice? Si le cuento esto a tu hermana es por que creo que no desmerece en esta conversación y menos en esta familia. Me da pena ver que ese vínculo que creía que teníamos no existe, esto demuestra que no me conoces realmente.

Observo que se le quiebra la voz, y los ojos se le comienzan a poner rojos. Me muestro inflexible, ya conozco sus cuentos y sé que no tengo que sucumbir ante ellos.

+Vamos, no me seas melodramática. ¿Y entonces qué soy, la mala?
-Sí, lo eres. Porque no te importan mis sentimientos ni lo que realmente provocas... no te importa nada, te da igual todo, te la "refanflinfla" absolutamente todo. Eres una tirana, cada uno de tus actos lo demuestra, ¡todo lo que me has dicho aquí y ahora lo demuestra! Intenta reflexionar todo lo que has dicho, a ver si la mente se te abre. Desagradecida, eso es lo que eres. Y no voy a hablar más porque nos queda una conversación pendiente y estoy abrasando a tu hermana, que se tiene que ir.

Ah, claro, ¿ahora te importa el tiempo que se ha gastado? Ni siquiera me vas a dejar decirte nada, cómo siempre. Te podría decir una y mil cosas, pero no merece la pena, no voy a consentir que tu victimismo me influya. Tú, que has sido siempre el ejemplo de fortaleza en esta familia y que has evitado siempre hacerte la víctima, ahora, lo estás utilizando: "Porque si a mi me pasa algo, tienes que atenerte a las normas de tu hermana, y bien lo sabes. Y mamá ya no estaraá ahí para decirte nada".

+Mira me encantaría responderte, pero paso.
-No, adelante, dí lo que quieras.
*Bueno yo me voy, que Raúl y la nena me están esperando en casa. Ya hablamos teta y cuídate la boca.
+Vale teta, te quiero.
*¡Yo más! Bueno Ana, ya hablamos mañana o cuándo sea, gracias por lo del móvil otra vez.
-De nada, si tienes algún problema dímelo.


Veo a mi hermana dirigirse por el pasillo hacia la puerta y detrás mi madre. Se escuchan murmullos y se cierra la puerta. Sé que ahora se hará el silencio cuando vuelva, y que después no nos hablaremos. Unos instantes después, aparece en el salón, se sienta, coge el ordenador y me pide el mando de la tele. Se lo doy, me levanto y tras un "Me voy a mi cuarto" se hace el silencio en toda la casa.  

jueves, 10 de octubre de 2013

Algo inacabado - Capítulo 3

Es increíble cómo unos pensamientos hacen que te cuestiones si seguir viviendo o dejar de hacerlo; cómo unas simples palabras destruyen todo tu ser; cómo tu ignorancia decide hacerles caso... Me siento culpable al pensar que en un tiempo ya pasado, he sido una más de esas voces críticas. Y ahora, es todo al contrario, soy la criticada. Me da rabia reconocer que he tenido que deslizar las afiladas tijeras sobre mis muñecas varias veces para sentirme mejor. Me da asco.
No logro comprender el por qué llegas a pensar eso, e incluso te dejas llevar por sus comentarios. Son sólo palabras, es cierto, pero hacen daño, mucho daño. Siempre he querido ser de esas personas a las que le da igual lo que piensen los demás y el qué dirán, pero no lo soy. Inconscientemente, también tengo la culpa de que me afecten dichos comentarios. 
Cuando me dan ganas de mandarlo todo a la mierda, pienso lo más positivo que se me ocurre: "Siempre hay una solución". Pero esa frase no impide que se formulen nuevas cuestiones en mi cabeza sin respuesta alguna. Eso me lleva a no valorarme nuevamente, sentir que todo lo malo que le pasa a la gente que me rodea se lo produzco yo, y dirigirme nuevamente hacia el baño con las tijeras en la mano.
Algunas veces, normalmente cuando se acerca la primavera, incluso he decidido dejar que las marcas cicatricen y que, para que nadie sospeche sobre mis abrigadas ropas, vomitar para que por lo menos mi organismo sienta dolor y con el paso del tiempo, lo sienta yo. Pero apenas fueron unas veces las que mis dedos se introdujeron en mi garganta. Necesitaba sentir el dolor al instante, por lo que mis afiladas "amigas" volvieron a mis manos.
Ahora que ya ha pasado el tiempo, pienso en todo el dolor que me he provocado a mí misma y sé que no se va a volver a repetir, no de momento. Me encuentro en un estado de paz interior, en el que nada ni nadie puede traspasarlo o destruirlo. Siento que a partir de ahora, en este nuevo país, voy a ser feliz. Al fin siento que por primera vez, he tomado una buena decisión.
Todavía me duelen las marcas de los ya antiguos cortes cicatrizándose mientras bajo mis mangas del jersey, pero es algo ya habitual para mí. Si, siento dolor, pero es tan mínimo que se convierte en una molestia. Esas cicatrices sirven para recordarme el por qué estoy aquí y que no debo consentir volver a llegar a ese extremo.
Al principio me costó reconocer que mi mente estaba enferma, simplemente no lo quería asimilar. Le gritaba llorando a mi madre asegurando que no estaba loca y que eran mis problemas, solo míos; nadie tenía derecho a cuestionarlos y preguntar por ellos. Tuve que balancearme sobre la delgada línea entre la vida y la muerte para darme cuenta de que mi cabeza no regía de forma correcta y que, al parecer, sí que le importaba a alguien.
No recuerdo exactamente qué paso después de sumirme en el silencio. Lo último que recuerdo antes de despertar en el hospital es...

"Observo pacientemente sentada en el suelo terminar de llenarse la bañera. No pienso en nada, no es necesario, solo tengo una cosa clara: tengo que acabar con este sufrimiento. Cierro el grifo. Compruebo que la puerta está bien cerrada y con el pestillo. Me quito la ropa empezando por el jersey, después los pantalones, y así... Cojo las tijeras y me introduzco en el agua, está caliente, solo un poco. Respiro hondo y empiezo a presionar la punta del afilado metal en mi piel. La traspasa y las deslizo por mi brazo poco a poco hasta que empieza a sangrar. No es suficiente, así que comienzo a hacer pequeños cortes más rápidos y pequeños, pero efectivos. El agua se tiñe de rojo y noto un leve mareo hasta que no puedo sujetar más las tijeras, dejándolas caer al fondo de la bañera. Antes de que mis ojos se cierren por completo, deslizo mi cabeza hacia abajo, sumergiéndome así por completo en el agua. Todo es silencio y oscuridad".


-A todos aquellos que la vida les pone impedimentos para ser feliz. Rendirse hace que los problemas se vuelvan más grandes.