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lunes, 28 de octubre de 2013

Rutina

"Retorcida, eso es lo que eres, me lo acabas de demostrar... Me da pena ver que ese vínculo que creía que teníamos no existe, me da pena que realmente no me conozcas... Eres muy poco agradecida... Una tirana, cada uno de tus actos lo demuestra... Estás muy suelta últimamente"

Valencia, 28 de Octubre 2013, 20:00 h

Mi hermana viene a casa a que le preste un móvil para Raúl, su marido. No me besa, pues hoy me han quitado una muela y aún me duele, me cuesta hablar. Todo trascurre con normalidad, se sienta en el sofá, en el que ya estábamos mi madre y yo y la observamos mientras habla. Mi madre interactúa con ella pero yo apenas puedo soltar algún comentario. Hasta que no sé cómo, sale el tema del viaje a Mallorca. Mis amigas no van al viaje, y por consiguiente, yo no quiero ir con el resto del curso sola. Una amiga me comenta que si organizamos el viaje para nosotras, habría alguna posibilidad de que se viniera, yo secundo la idea así que se la comento a mi hermana y a mi madre. Tras unas miradas entre mi madre y mi hermana, ahora sus ojos se posan sobre mí para decir alto y claro: "NO". Les ignoro, total, ya sabría que me iban a decir que no... Pero eso no hace que mi madre siga hablando:

-Tienes sólo 17 años, ¿a dónde pretendes ir con 17 años? Y menos vosotras solas, sin ningún adulto ni nadie que os acompañen.
+Mami, ¿qué parte de fiesta-monunmental-después-de-exámenes no entiendes?
-A mi con tu edad no me dejaban salir ni a la calle de enfrente pasadas las 12 de la noche. Y ahora tu sales hasta las dos y media de la madrugada, ¿acaso no tienes bastante?, ¿de qué te quejas?
+No me compares, sabes que lo odio. En primer lugar, sabes que soy responsable y puedes estar tranquila. Vuelvo a las dos y media por que no me dejas más...
-Hombre claro.
+... y siempre soy la primera en irme mientras los demás siguen pasándoselo bien. Ni me dejas salir en Halloween, ¡EN HALLOWEEN!, más allá de ese rango horario. Para mi cumpleaños me dejaste hasta las cuatro y media; y en fallas también me dejabas MUCHO más tiempo. Y ahora, cuando ya "he crecido" y siempre me has prometido que sería diferente, observo que es todo lo contrario.
En ese momento mi hermana interviene:
*Teta, pero ¿qué más te da irte ahora que irte dentro de unos años? ¡Ni siquiera eres mayor de edad!
+¡Porque mi cumpleaños es en septiembre! ¿yo qué culpa tengo?
-¡Eres muy joven! !¿qué no entiendes?!
+Entonces cúando haga el año ERASMUS... ¿qué pasará? ¡¿Os vendréis conmigo?!
-No pienses en el futuro, piensa en el ahora.

¿Enserio? ¿En el ahora? Si hombre, ahora ven de filósofa. Mis nervios están a flor de piel pero intento controlarlos, sé que ahora es más prudente callar y observar. Evito sus miradas e intento ver la tele. Se inicia una nueva conversación, pero esta vez no interactúo en ella, esta vez soy la causa del habla. Mi madre comienza a decirle a mi hermana todo lo que hago, y más concretamente, lo que quiero: "Y se gasta *** euros para ver a los Uan Direcsion pero luego llora por un iPhone, a ver si aprende a distribuirse el dinero, que se apañe, es su problema". En el momento que le escucho pronunciar esa frase, salto enseguida.

+Odio que siempre cojas a quien sea y que todo lo que hago le acabes dando la vuelta a la tortilla, para hacer que la otra persona se haga cómplice tuyo y así poneros en mi contra. Lo haces siempre y últimamente, constantemente. Sabes que no me gusta que lo hagas cuándo después, cuando estás conmigo sola, no lo juzgas de la misma forma.

Mi madre me mira con asombro y fiereza, le devuelvo la mirada, no la voy a apartar ahora.


-No María, no vayas por ahí, estás muy suelta últimamente y me molesta que luego vengas preguntándome por qué me he enfadado cuándo tú eres la causa, tú y tus formas. Es increíble lo poco agradecida que eres. Y eres una retorcida...
+¿Perdona?
-Sisi, una retorcida, eso es lo que eres y lo que me acabas de demostrar. Me acabas de demostrar que puedes llegar a pensar eso y sacar conclusiones falsas, y a maquinarte esa opinión rebuscada. ¿Enserio piensas que le cuento esto a tu hermana sólo para hacerla mi cómplice? Si le cuento esto a tu hermana es por que creo que no desmerece en esta conversación y menos en esta familia. Me da pena ver que ese vínculo que creía que teníamos no existe, esto demuestra que no me conoces realmente.

Observo que se le quiebra la voz, y los ojos se le comienzan a poner rojos. Me muestro inflexible, ya conozco sus cuentos y sé que no tengo que sucumbir ante ellos.

+Vamos, no me seas melodramática. ¿Y entonces qué soy, la mala?
-Sí, lo eres. Porque no te importan mis sentimientos ni lo que realmente provocas... no te importa nada, te da igual todo, te la "refanflinfla" absolutamente todo. Eres una tirana, cada uno de tus actos lo demuestra, ¡todo lo que me has dicho aquí y ahora lo demuestra! Intenta reflexionar todo lo que has dicho, a ver si la mente se te abre. Desagradecida, eso es lo que eres. Y no voy a hablar más porque nos queda una conversación pendiente y estoy abrasando a tu hermana, que se tiene que ir.

Ah, claro, ¿ahora te importa el tiempo que se ha gastado? Ni siquiera me vas a dejar decirte nada, cómo siempre. Te podría decir una y mil cosas, pero no merece la pena, no voy a consentir que tu victimismo me influya. Tú, que has sido siempre el ejemplo de fortaleza en esta familia y que has evitado siempre hacerte la víctima, ahora, lo estás utilizando: "Porque si a mi me pasa algo, tienes que atenerte a las normas de tu hermana, y bien lo sabes. Y mamá ya no estaraá ahí para decirte nada".

+Mira me encantaría responderte, pero paso.
-No, adelante, dí lo que quieras.
*Bueno yo me voy, que Raúl y la nena me están esperando en casa. Ya hablamos teta y cuídate la boca.
+Vale teta, te quiero.
*¡Yo más! Bueno Ana, ya hablamos mañana o cuándo sea, gracias por lo del móvil otra vez.
-De nada, si tienes algún problema dímelo.


Veo a mi hermana dirigirse por el pasillo hacia la puerta y detrás mi madre. Se escuchan murmullos y se cierra la puerta. Sé que ahora se hará el silencio cuando vuelva, y que después no nos hablaremos. Unos instantes después, aparece en el salón, se sienta, coge el ordenador y me pide el mando de la tele. Se lo doy, me levanto y tras un "Me voy a mi cuarto" se hace el silencio en toda la casa.  

jueves, 10 de octubre de 2013

Algo inacabado - Capítulo 3

Es increíble cómo unos pensamientos hacen que te cuestiones si seguir viviendo o dejar de hacerlo; cómo unas simples palabras destruyen todo tu ser; cómo tu ignorancia decide hacerles caso... Me siento culpable al pensar que en un tiempo ya pasado, he sido una más de esas voces críticas. Y ahora, es todo al contrario, soy la criticada. Me da rabia reconocer que he tenido que deslizar las afiladas tijeras sobre mis muñecas varias veces para sentirme mejor. Me da asco.
No logro comprender el por qué llegas a pensar eso, e incluso te dejas llevar por sus comentarios. Son sólo palabras, es cierto, pero hacen daño, mucho daño. Siempre he querido ser de esas personas a las que le da igual lo que piensen los demás y el qué dirán, pero no lo soy. Inconscientemente, también tengo la culpa de que me afecten dichos comentarios. 
Cuando me dan ganas de mandarlo todo a la mierda, pienso lo más positivo que se me ocurre: "Siempre hay una solución". Pero esa frase no impide que se formulen nuevas cuestiones en mi cabeza sin respuesta alguna. Eso me lleva a no valorarme nuevamente, sentir que todo lo malo que le pasa a la gente que me rodea se lo produzco yo, y dirigirme nuevamente hacia el baño con las tijeras en la mano.
Algunas veces, normalmente cuando se acerca la primavera, incluso he decidido dejar que las marcas cicatricen y que, para que nadie sospeche sobre mis abrigadas ropas, vomitar para que por lo menos mi organismo sienta dolor y con el paso del tiempo, lo sienta yo. Pero apenas fueron unas veces las que mis dedos se introdujeron en mi garganta. Necesitaba sentir el dolor al instante, por lo que mis afiladas "amigas" volvieron a mis manos.
Ahora que ya ha pasado el tiempo, pienso en todo el dolor que me he provocado a mí misma y sé que no se va a volver a repetir, no de momento. Me encuentro en un estado de paz interior, en el que nada ni nadie puede traspasarlo o destruirlo. Siento que a partir de ahora, en este nuevo país, voy a ser feliz. Al fin siento que por primera vez, he tomado una buena decisión.
Todavía me duelen las marcas de los ya antiguos cortes cicatrizándose mientras bajo mis mangas del jersey, pero es algo ya habitual para mí. Si, siento dolor, pero es tan mínimo que se convierte en una molestia. Esas cicatrices sirven para recordarme el por qué estoy aquí y que no debo consentir volver a llegar a ese extremo.
Al principio me costó reconocer que mi mente estaba enferma, simplemente no lo quería asimilar. Le gritaba llorando a mi madre asegurando que no estaba loca y que eran mis problemas, solo míos; nadie tenía derecho a cuestionarlos y preguntar por ellos. Tuve que balancearme sobre la delgada línea entre la vida y la muerte para darme cuenta de que mi cabeza no regía de forma correcta y que, al parecer, sí que le importaba a alguien.
No recuerdo exactamente qué paso después de sumirme en el silencio. Lo último que recuerdo antes de despertar en el hospital es...

"Observo pacientemente sentada en el suelo terminar de llenarse la bañera. No pienso en nada, no es necesario, solo tengo una cosa clara: tengo que acabar con este sufrimiento. Cierro el grifo. Compruebo que la puerta está bien cerrada y con el pestillo. Me quito la ropa empezando por el jersey, después los pantalones, y así... Cojo las tijeras y me introduzco en el agua, está caliente, solo un poco. Respiro hondo y empiezo a presionar la punta del afilado metal en mi piel. La traspasa y las deslizo por mi brazo poco a poco hasta que empieza a sangrar. No es suficiente, así que comienzo a hacer pequeños cortes más rápidos y pequeños, pero efectivos. El agua se tiñe de rojo y noto un leve mareo hasta que no puedo sujetar más las tijeras, dejándolas caer al fondo de la bañera. Antes de que mis ojos se cierren por completo, deslizo mi cabeza hacia abajo, sumergiéndome así por completo en el agua. Todo es silencio y oscuridad".


-A todos aquellos que la vida les pone impedimentos para ser feliz. Rendirse hace que los problemas se vuelvan más grandes.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Desprecié y sigo despreciando ese beso.

Mis pies descalzos caminan vagamente por las calles de Wonderland. Me siento sucia, no recuerdo exactamente el momento en el que esto se me fue de las manos. La ambición me cegó, pero sé que voy a salir impune de esta situación, no pienso fallarme a mí misma, ahora no. Muchos creen saber una historia, pero solo saben cómo termina. Para llegar al núcleo de la historia, hay que volver al principio...
Era el día de mi decimocuarto cumpleaños. Recuerdo despertarme en plena mañana con el sonido del cántico de los pájaros, me costó abrir los ojos. Sentía deseos por permanecer en la cama, pero aquel día no era un día cualquiera, sino que era el día en el que el que ya sería considerada cómo una muchacha mayor de edad, en el que sería por fin la princesa Naomí. Todos los preparativos para la fiesta estaban en orden, excepto una cosa, la más importante de todas... no tenía vestido. Según mi madre el vestido estaba encargado desde hace semanas, pero por ella. Yo ni siquiera sabía de qué color era ni qué forma tendría, decía que era una "sorpresa" y hasta horas antes de la ceremonia, no podría verlo. Estuve nerviosa todo el día, pero convencida de que sería la mayor fiesta que ninguna princesa había dado nunca. Mis pensamientos de niña pequeña, acordes a mi edad, produjeron que se me pasara por la cabeza ideas como desfilar por delante de las demás invitadas mirándoles por encima del hombro y sonriendo maliciosamente.
Valió la pena esperar a la "sorpresa" de mi madre. Era un vestido de media manga azul con toques dorados; largo y ajustado a la cintura, pero con vuelo en la falda. Era realmente precioso, no podía ser menos. Llevé a cabo todos mis propósitos en la fiesta. Finalmente llegó el brindis:
-¡Buenas noches amigos!- comenzó mi padre- hoy es un día realmente maravilloso, no solo porque mi hija haya alcanzado la mayoría de edad, sino porque mi esposa y yo tenemos una noticia que comunicaros... ¡La reina está esperando un hijo!

Mi gran sonrisa se borró de mi cara. Se escucharon aplausos y otras felicitaciones hacia sus majestades, pero yo no podía pronunciar palabra alguna. Sabía que el rey ansiaba un heredero, pero no sabía que la gran noticia se produciría en mi cumpleaños, en el día más importante de mi corta vida. No me lo esperaba. Fingí alegrarme cuando mi padre se acercó para darle la enhorabuena, y para darme un tierno beso en la frente. Desprecié y sigo despreciando ese beso. Una indirecta demasiado directa que me comunicaba que yo no iba a ser la única heredera. Los años pasaron y el joven príncipe era la viva imagen de mi padre; ágil, inteligente, y justo, las tres cualidades que tiene que tener un buen rey. Le criaron con especial cuidado, ya que según me habían contado, antes de que yo naciera, la reina había tenido otro hijo que murió por causas desconocidas a la temprana edad de siete años. Mis cumpleaños siguientes fueron de menor interés, al contrario que mi hermano, que lo celebraban cómo si cada año fuera el último.

Mis celos aumentaron según pasaba el tiempo, y cuando tuve 22 años, mi padre me comprometió con un duque adinerado, pero nada que ver con el dinero que poseía la herencia del rey. En ese momento me di cuenta, tenía que actuar. Si no hacía algo, en menos de un año estaría casándome y perdería el derecho a la corona. Recordé entonces la anécdota de que mi hermano mayor murió por causas desconocidas... Surgió un plan.

Hice mis contactos en los bajos fondos de la ciudad, con gente despreciable que me daba nombres de los nobles de la corte, quiénes eran en secreto protestantes. Una vez hablado con dichos nobles, mi plan empezó a funcionar. Los nobles seducirían a las criadas y tutoras a cargo del príncipe, y mediante el soborno, ellas introducirían unos mililitros de veneno en su zumo del desayuno todos los días. Así, por tanto, el príncipe se iría poniendo cada vez peor y después de su octavo cumpleaños, moriría.


Solo hicieron falta un par de semanas para que el príncipe dejara de respirar para siempre. Tras unos días de luto, y confirmar que murió por causas "desconocidas", podía comenzar a saborear la corona. Pero mis planes se fueron al traste cuando un noble empezó a cantar, pobre de él... hice que el caso se volviera en su contra y al final acabaron decapitándole. Pero la duda no cesó, y un grupo de hombres de confianza de mi padre, se pusieron en mi contra. Ya no podía hacer nada más, así que me encerraron en la mazmorra. Mi prometido, el duque de Anjou, convencido de mi inocencia, logró liberarme de la cárcel, pero inmediatamente me abandonó, dejándome por estas frías calles a media noche a la suerte del destino.

- A todos aquellos que siempre quieren más. A veces el deseo de querer algo, llega a límites extremos.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Algo inacabado - Capítulo 2

En mi iPod sonaba Little Things, de One Direction. No los conocía, solo sabía de ellos que eran cinco chicos que salieron de un concurso inglés llamado The X Factor. Mi sobrina María es una de esas "fan incondicional y hasta la muerte", aunque no lo reconozca... El caso es que un día vino a casa a enseñarme su nuevo disco. Yo escuchaba desinteresada mientras que ella me miraba con una sonrisa de oreja a oreja, emocionada. Al escuchar esa canción, me paralicé. La letra me pareció fantástica, y simplemente me encantó. A partir de ahí, todos los días, a las 11 de la mañana, la escucho. No sé exactamente por qué, pero me hace sentir especial. Me da fuerzas para el resto del día, es como mi vitamina. Lo sé, suena demasiado cursi... pero es así. 
"You're perfect to me" Esa frase era la que realmente le daba sentido a toda la canción. La que no paraba de escuchar dando al replay una y otra vez en mi intento de convencerme que soy perfecta para alguien que está ahí fuera, esperándome...
Segundos después dos azafatas se acercaron fila por fila para ofrecer bebida, comida y alguna revista. No quería escucharlas, necesitaba escuchar la canción sin ningún tipo de interrupción, era mi momento, así que me hice la dormida. Pero intentar "dormir" no dio resultado.
-¡Buenos días! ¿Le apetece algún refrigerio o algún snack en especial?
Abrí lentamente los ojos, ahí las tenía, vestidas de negro con una camisa blanca y un pequeño pañuelo amarillo en el cuello. Me miraban con los ojos abiertos como platos y una gran sonrisa. Me habría encantado ignorarles, pero al fin y al cabo, era su trabajo y le pagaban por ello. 
-No, muchas gracias- contesté.
-¿Algo para leer? Tenemos el periódico diario español y londinense. Si lo prefiere también tenemos algunas revistas.
-No no, enserio.
-Está bien, si necesita algo, háganoslo saber - Les sonreí mientras asentía con educación.
A mi lado, en el asiento 24-B, había un señor de unos 47 a 51 años. Con traje azul marino, una camisa blanca y una corbata negra, al igual que sus zapatos de charol. Tenía el pelo castaño, con pequeñas ondulaciones que hacían resaltar sus ojos verdes. La tez... un poco pálida, pero acompañada de un incalculable número de pecas debajo de los ojos, bordeándolos y haciendo destacar, a su vez, las mejillas. Y por último, su boca; un poco pequeña y agrietada. Llevaba como equipaje de mano un maletín negro. Supuse que sería un hombre de negocios.
Se pasó todo el viaje despierto, leyendo el periódico español. No pasaba de la página 14. Estaba un poco malhumorado, con el ceño fruncido y de vez en cuando dejaba caer pequeños susurros como:
"No puede ser", "Esto es inaceptable", "Nosotros nos merecíamos ganar la liga", "Siempre nos quedaremos en el 3er puesto", y así...
Escuchando música y leyendo, las dos horas y media del trayecto se me pasaron volando.
Mientras el avión descendía, noté un cosquilleo es el estómago. No sé si era por la adrenalina, o por los nervios de no saber qué me deparará el destino... 
Una suave brisa con olor a humedad agitó mi pelo mientras bajaba las escaleras. Fue una sensación increíble. Desde que tengo memoria, soñaba con visitar Londres y vivir en Inglaterra. Quién me iba a decir que unos años más tarde, mi sueño se haría realidad.
Aunque eso no quita los motivos por los que me he sentido obligada a venir...


- A todos aquellos que una vez empiezan, no quieren continuar. No vale la pena llegar a la meta si no disfrutas del viaje.

Algo inacabado - Capítulo 1

Lo primero de todo, quiero dejar claro que si he tomado esta decisión, es porque creo sinceramente que me va a beneficiar. No quiero que te preocupes por mí, aunque sé que lo vas a hacer igualmente.
No intentes buscarme, porque no me vas a encontrar. Me encantaría decirte dónde voy, pero es mejor así.

Tu hija, que te quiere.


Una vez escrita la nota, y con la maleta preparada, me dirigí hacia la puerta. Mientras la abría, un mar de preguntas se formulaban en mi cabeza; ¿estaré haciendo lo correcto?... ¿Y si fracaso?¿Y si prospero?... La única respuesta que me convencía era: "Vive el momento, porque lo demás es incierto". 
Respiré hondo y cerré la puerta con llave. Cogí un taxi rumbo al aeropuerto y apagué el móvil... Quería asegurarme de que nadie intentaría localizarme.
Revisé en mi bolso que todo estuviera en orden: el pasaporte, el nuevo teléfono, la dirección del apartamento, el billete, etc. En un anexo de la cartera encontré una foto mía y de mi madre cuando era pequeña. Recuerdo perfectamente ese día, como si fuera ayer...
Tenía 8 años y era el día más importante de mi corta vida. Tenía un certamen de ballet que decidiría mi destino. Llevaba desde los 3 años bailando. Me encanta bailar. Anunciaron mi nombre por el altavoz, era mi turno. Me posicioné y miré a mi madre en primera fila mientras me ofrecía una sonrisa y unas palabras que no pude oír, pero que leí en sus labios: "Buena suerte", me dijo. Ahora sí que estaba lista. Cogí aire y mientras las primeras notas de la canción sonaban comencé a bailar. Bailé como nunca lo había hecho, y mi corazón palpitaba rápidamente... Cuando terminé de bailar, los aplausos comenzaron a sonar, levanté la vista y vi a mi madre, emocionada y aplaudiéndome. Hice una reverencia al jurado y salí contenta. Mi madre me esperaba en las escaleras:
-Tesoro, lo has hecho genial.
-Gracias mami- Contesté entre lágrimas.
-Mírame, y prométeme que pase lo que pase esta noche; diga lo que diga el jurado, seguirás bailando.
-¿Hasta que tenga arrugas, mami? - rió
-Hasta que tengas arrugas Sofía - nos abrazamos.
Aún sigo cumpliendo mi promesa.
Se me escapó un pequeña lágrima, pero enseguida me recompuse. Al verme así, el taxista me preguntó:
-¿Está bien? - mientras me ofrecía un paquete de pañuelos - Una señorita tan guapa como usted no debería llorar.
-Todo está bien, gracias.
-Una despedida difícil, ¿no?
-Sí... - contesté mientras una sonrisa fingida aparecía en mi cara.
-Todas lo son, no se preocupe.
Cinco minutos más tarde el taxi se paró, habíamos llegado al aeropuerto. Pagué y el conductor me ayudó a sacar mi maleta.
-Que tenga un buen viaje, ¡y sonría!
-Gracias
Pocas veces había estado en un aeropuerto, pero eso fue hace muchos años y no me acordaba de cómo era. Eran las 10:15 de la mañana y apenas faltaban 25 minutos para que el avión despegara.
Con el billete en la mano, me dirigí a la zona de embarque para embolsar la maleta y pasar por el escáner. Por megafonía se escuchaba... "El vuelo 3271 con dirección Londres despegará en 10 minutos". Cogí el bolso y literalmente corriendo, llegué al avión.
Me puse bien mis pelos de loca, víctimas del viento y al no encontrar mi asiento, pregunté a una azafata:
-¿Puedo ayudarle?
-Si, por favor, estoy buscando el 24-A
-Por supuesto, acompáñeme - me dijo mientras me sonreía.
Mi asiento estaba al lado de la ventana. Estaba nerviosa, demasiado. Sólo había volado una vez y no fue una buena experiencia... y ahora al lado de la ventana, esta no iba a ser menos.
"Por favor, abróchense los cinturones..."
No estaba atenta, era un manojo de nervios. El avión comenzó a elevarse... Una vida quedaba atrás y otra nueva empezaba.



-A todos aquellos que les da miedo continuar. Progresar es lo mejor que se puede hacer.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La injusticia siempre prevalece, hasta que las víctimas encuentran el valor para rebelarse contra ella.

"Ven, acércate. Si... tu. No tengas miedo pequeña, todo va a estar bien. Nada nos separará. Quiero que sepas que eres la única para mí; la que siempre me saca sonrisas, la que ilumina mi mundo como nadie. Y quiero que siga siendo así, si tu quieres claro. Todo va a volver a ser cómo antes, confía en mí cariño. ¿Te acuerdas de cuando nos conocimos?... Tu estabas radiante, como siempre. Con tu vestido blanco y las sandalias marrones. Cuando te miré a los ojos mientras te decía mi nombre, fue, en ese momento, en el que me enamoré de ti. Sé que piensas que te he hecho daño... y lo sé cariño, te juro que lo sé, pero no volverá a pasar, créeme. Tu me ayudaras a no tener celos y no dudar de ti; pero entiéndeme, eres tan perfecta que no quiero perderte. El simple hecho de que hablaras con otro chico me puso histérico... ¿Qué? ¿Que te duele el abdomen?, lo sé amor, y créeme que lo siento mucho, me he pasado. Anda, dame un abrazo y dime que me perdonas, por favor, no me dejes así. Sabes que te amo y daría la vida por ti. Eres mi todo. *Se abrazan*. Gracias pequeña, esto significa mucho para mi. Te prometo que nunca más te volveré a poner la mano encima." O eso decía...


- A todas aquellas personas que no saben ver con claridad. Que están ciegas.

If we could only turn back time.

Últimamente he estado pensando en situaciones ya vividas y de verdad me pregunto... ¿qué pasaría si todo hubiera sido diferente?
Recuerdo esas tardes paseando por el centro de Valencia, nada importaba. "Solo déjate llevar" me decía, ingenua de mí.
Cuando realmente alguien te importa, darías lo que fuera por esa persona, sin importarte lo que pueda pasar. Ahora que ya ha pasado el tiempo, pienso que a lo mejor, no era la persona indicada. Si lo fuera, aún seguiríamos juntos.
Pero si no era esa persona, ¿por qué entonces sigo sintiéndome mal?...

- A todas aquellas personas que sienten que después del "amor" ya no hay vida. 

Huola! Osea.. hello!

Bueno pues.. HoAL!.. Hoal!.. MIERDA DE TECLADO.. Hola! ^^ (bieeeeen, ahora sí)
Me llamo María Fernández y soy de Valencia. Tengo 16 años (aunque el 24 de Septiembre cumplo 17). He creado el blog porque todas las noches siempre me viene la inspiración para escribir algo, lo que sea, un shot, o como lo llamen. Y me gustaría compartirlo porque me han dicho que es mejor que lo vea la gente, en vez de guardármelo para mi. 
AVISO: no soy escritora y no voy a serlo. Por mucho que me guste leer, no tengo el talento para escribir. Son solo desvaríos que vienen a mi mente y que los reflejo en pequeñas notas.
También es verdad que sueño cosas muy raras y que también hago de ellos pequeñas historias para contar.
Espero que no os aburra. Si entráis al blog y alguno se siente identificado, que me lo comunique. Me encantaría conocer a gente tan... tan... con falta de lógica como yo. 
Pd: gracias por leer igualmente :)
Un besi xx